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Luján Argentina |
A las autoridades gubernamentales A la comunidad universitarias Señoras y señores: Asumo la conducción de la Universidad Nacional de Luján en un momento de inflexión en la vida nacional caracterizado por diversos esfuerzos por tratar de lograr una sociedad más justa, más comprometida con las necesidades de nuestro pueblo. Ello sucede cuando desde diversos planos de la vida nacional se impugnan las políticas neoliberales de los últimos años, de tan fatales consecuencias sociales, y en particular para la educación universitaria. Son muchas las señales que evidencian la conciencia creciente de que la educación tiene una importancia relevante en el logro de una sociedad más igualitaria, en lo económico, en lo social y en lo cultural. Entiendo a la educación como un bien social, no como un bien de mercado que pretende garantizar la calidad mediante la competencia y al que la demanda y no la sociedad le asigna pertinencia. Hemos asumido plenamente y comprometido nuestras palabras con esta universidad y su futuro, nuestras palabras digo, pues no es sólo mi palabra la que está comprometida, sino la de todos los profesores, auxiliares, alumnos, egresados y personal administrativo, técnico y de maestranza, que han apoyado esta posibilidad de trabajo conjunto en pos de un objetivo común. No desconocemos las dificultades que nos acechan, las mezquindades que siempre están presentes, sin embargo aceptamos el reto, con dudas al principio, dudas que fueron anuladas por la fuerza del conjunto y de los ideales que hemos sostenido a lo largo de la vida y que nos proponemos ver plasmados en cada realización. Nos asumimos como consecuentes continuadores de las ideas fundacionales de la Universidad Nacional de Luján, ideas sustentadas en los principios de la defensa de la autonomía, la gratuidad de la enseñanza, la igualdad de posibilidades para el acceso y la permanencia, el pleno mantenimiento del pluralismo, el resguardo de la calidad en los procesos de enseñanza, el desarrollo de carreras novedosas en correspondencia con las necesidades societarias y el de ser una Universidad impulsora de transformaciones socio-económicas en su ámbito de influencia. También encaramos la voluntad de un cambio necesario con una gestión participativa, democrática y clara, una gestión que incluya a todos los integrantes de las estructuras de la Universidad, es decir, con el pleno accionar en la gestión de sus cuatro departamentos, y la totalidad de sus centros regionales y delegaciones. Creemos que ello es imprescindible en nuestro esfuerzo por lograr que nuestra Universidad cumpla con su función social y para ello debemos subsanar las asimetrías existentes que lo impiden y convertir a los Centros Regionales en verdaderas unidades académicas, de investigación y extensión. Con la misma orientación hemos delineado la estructura de las secretarías que dependen del Rectorado proponiendo al frente de las mismas a aquellos que acreditan ante todo antecedentes e idoneidad para el cargo. Hemos asegurado en cuanta ocasión fue necesario que no hemos venido a revisar el pasado, pasado que, por otra parte, no se puede modificar. Sólo tendremos en cuenta la historia para evitar incurrir en aquellas cuestiones que pudieron desvirtuar la razón de ser de la Universidad. Haremos un uso austero, público y transparente de nuestro presupuesto, cada asignación estará relacionada con proyectos realizables y tendientes a mejorar la realidad social en nuestra universidad y área de influencia. Así también cumpliremos con la sociedad que ha destinado los recursos para nuestro desenvolvimiento. Será una gestión sin discriminaciones ideológicas la que presida nuestra labor. Aspiramos a una universidad de realizaciones e independiente de toda bandería partidaria en su accionar, como ha sido en nuestra historia y lo ha decidido su comunidad en el acto eleccionario. Actuaremos en consecuencia para consolidar nuestra autonomía y esto no será obstáculo para reforzar las relaciones con los diversos niveles de gobierno y llevar a cabo actividades en conjunto que generen beneficios mutuos. De igual manera continuaremos demandando ante las autoridades de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación una reparación histórica por el ataque que sufrió la Universidad Nacional de Luján de parte de la última dictadura militar. La nuestra fue la única universidad nacional clausurada y todos aspiramos a que este hecho sea reparado. Deseamos que nuestra comunidad vea y conciba a esta gestión al servicio de su crecimiento intelectual y cultural, para ello siempre estarán abiertas las puertas del Rectorado, tanto para los estudiantes, como para los docentes, los egresados, el personal administrativo, técnico y de maestranza, las ONG y los intendentes de la zona, es decir, para todos aquellas personas de bien que tienen proyectos para el conjunto y no meramente personales. El carácter pluralista de la vida en la Universidad de Luján será lo que continúe rigiendo nuestro accionar y ese distintivo es el que nos guiará en nuestras vinculaciones con el resto de las universidades nacionales. Impulsaremos el fortalecimiento de los vínculos con el Consejo Interuniversitario Nacional y el Ministerio de Educación. En esos ámbitos, como ante la sociedad toda, continuaremos con el planteo de una enseñanza al servicio de todos aquellos que deseen ingresar a la misma, sin otra condición que el compromiso con el estudio y la plena capacitación como ciudadanos comprometidos con los intereses nacionales. Nos sentimos interpretados por aquellas definiciones oficiales en las que se reivindica el carácter de bien social para la educación superior, y a que a ese carácter debe remitirse la pertinencia de las funciones y acciones de la universidad, convirtiéndose en el criterio desde el que se asegura la calidad y al que se orienta el mejoramiento. En nuestro criterio “no hay evaluación pertinente de la calidad académica disociada del proyecto institucional ni de la cultura organizacional y humana de cada Universidad”, la que por otra parte, está signada fuertemente por su historia. Se trata, y por ello nos guiaremos, de restablecer y profundizar el compromiso del Estado como garante de la educación superior y su calidad frente a la sociedad. Queremos señalar de forma expresa que vemos auspiciosamente los intentos oficiales por generar una nueva relación Estado-Sociedad-Universidad, al tratar de desmantelar las políticas de la década del ‘90 por mercantilizar la educación, de modificar los parámetros evaluativos de las universidades, aplicando criterios de calidad y pertinencia con sus objetivos institucionales, dejando de lado a los que tuvieron que ver con la eficiencia de mercado. La función social no excluye considerar al mercado, pero éste deja de lado aspectos fundamentales si queremos responder a las necesidades de nuestra sociedad y los problemas que la misma atraviesa. La Ley de Educación Superior debe ser modificada para actualizar el marco en que se desenvuelve el sistema universitario nacional y público a los tiempos políticos y al necesario modelo de desarrollo del país, apuntando a resolver los graves problemas de exclusión social, pobreza y desempleo. Nos proponemos tener un rol activo en ese camino. El gran desafío para las nuevas generaciones es modernizar los modelos de análisis para los temas educativos, desarrollando ejes que logren forjar nuevas categorías de estudio y que lleguen a explicar y otorgar sentido a los procesos de enseñanza. Los cambios que se están dando en el trabajo a partir de la ampliación de la base tecnológica del empleo inciden en la reestructuración de éste. El escenario de actuación es flexible y rápidamente cambiante. Estas son exigencias que impone la denominada sociedad del conocimiento y que los universitarios debemos tener en cuenta. Consideramos que toda estrategia de desarrollo social comprende al quehacer universitario y se basa en la posibilidad de la comunicación creativa entre los que intervenimos, puesto que en la comprensión de los problemas a solucionar hay un camino de ida y vuelta entre las vivencias cotidianas y la elaboración de las posibles soluciones. La búsqueda del conocimiento de conjunto, desde las diversas disciplinas y entre docentes y estudiantes, es el camino del futuro. De allí la importancia del conocimiento interdisciplinar, de las redes de investigación desarrolladas entre diversas universidades, de la concertación entre los distintos sectores sociales que de hecho participan de éstas, en suma, del uso de los conocimientos para el consenso. La idea de una pluralidad de sectores sociales interactuando es el real desafío del momento, y para muchos, esta pluralidad, permite la comprensión y la creación intelectual desde la diversidad. No disminuimos con esta concepción, la importancia que reviste la adquisición por el estudiante de las competencias específicas de la profesión que ha elegido. Estas competencias serán esenciales para llegar a su primer empleo o al segundo, pero su formación deberá permitirle ser libre de abrir sus horizontes y recapacitarse durante toda su vida. El desarrollo de la comprensión de la realidad, de la posibilidad de encarar los conflictos, de la tolerancia ante divergencias conceptuales, predispone al cambio y al hallazgo de las soluciones que la sociedad espera en la Argentina. Una universidad es un lugar de todos, de nuestra gente, porque modela lo más importante: la mente de los más jóvenes y por ello no hay que ver las universidades como empresas, sino como ámbitos culturales. Asignar este papel al mercado convierte a las universidades en proveedoras de servicios educativos. La universidad es otra cosa. Es un ámbito intelectual libre y creativo que debe proporcionar una visión abarcativa de la realidad por medio del desarrollo de capacidades críticas al servicio de nuestra sociedad. Llego a esta honrosa función de Rector de la Universidad Nacional de Luján habiendo recorrido un largo camino, y no siempre sin escollos, escollos propios de los que venimos desde nuestros años de estudiante defendiendo a la universidad pública. Lo hice desde las filas del movimiento estudiantil organizado y posteriormente junto a mis colegas docentes, teniendo siempre como norte las banderas de la Reforma Universitaria, banderas que recorrieron primero América y luego se proyectaron al mundo. Hoy como siempre seguiré defendiendo a la Universidad nacional y pública. No quiero terminar mis palabras sin efectuar un reconocimiento a la rectora saliente, la licenciada Amalia Testa. Su posición de imparcialidad durante el proceso electoral vivido ha sido una de las claves para que éste se desarrollase con transparencia. Por otra parte, su predisposición por una transición ordenada ha permitido mostrar un grado de madurez y solidez institucional del que debemos sentirnos orgullosos. Por último deseo agradecer a mi esposa, mi compañera de vida y de lucha, sin cuyo apoyo no hubiera emprendido este nuevo desafío, uno más de la larga lista de proyectos conjuntos que encaramos en más de 30 años. Y a mis hijos y mi pequeña nieta, quienes sabrán comprender y tolerar el tiempo robado a nuestra vida familiar, que demandará esta función. Me siento orgulloso y, por que no, representativo, de todos aquellos que tanto han hecho y hacen por nuestro sistema de educación pública. A los fundadores y docentes de la Universidad Nacional de Luján que ya no están a nuestro lado, mi cálido y respetuoso recuerdo y a los que hoy me acompañan sólo les pido: trabajar cada día más y mejor por nuestra querida Universidad. Muchas gracias. Arriba |
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