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A 30 años del golpe de Estado 1976 Estamos aquí para recordar que hace 30 años se derrocó un gobierno constitucional para imponer una de las dictaduras más crueles que se haya conocido en nuestro país. Se trata no sólo de recordar que los golpistas mediante la persecución, la tortura y la desaparición de personas llevó a que el grito del Nunca Más sonara a las cuatro vientos como una voluntad de protesta y de lucha. Se trata también de reflexionar sobre las secuelas que aún subsisten en nuestro tejido social. Recordar es como poner algo en el bronce. Comprender es una manera de trabajar para que no se produzcan esos hechos. No nos faltan motivos para continuar alertas. Hace pocos días se disolvió el Servicio de Inteligencia de la Marina y nos preguntamos, ¿si con esta medida se termina con los espionajes ilegales sobre la población? Nos dolió y nos duele aquel golpe de estado por lo que significó y por todas las proyecciones que aún tiene con el paso del tiempo. Los autodenominados “salvadores” de la patria llegaron a decidir entre la vida y la muerte de miles de personas, un dominio de los cuerpos sobre otros cuerpos, aplicando la tortura, instalando campos de concentración, pero también desde el terror dando el apoyo armado al proyecto económico que se comenzó a aplicar. Es que la dictadura militar tuvo como objetivo llevar a cabo una política de represión y, a la vez, aspiraba a refundar las bases materiales de la sociedad. Produjo un doble corte. Por un lado, por medio del terrorismo de Estado, apuntó al exterminio y al disciplinamiento de vastos sectores sociales movilizados; por el otro, puso en marcha un programa de reestructuración económico-social que habría de producir profundas repercusiones en la estructura social y productiva del país. Los torturados, los desaparecidos y los muertos fueron necesarios para implementar un plan de robo: el tránsito de la deuda privada a la pública y el aumento de la deuda externa a términos insostenibles que junto a reformas estructurales, maniataron el futuro independiente del país, concentrando la riqueza y empobreciendo a nuestro pueblo. Cercenaron el desarrollo, destruyeron nuestra industria, multiplicaron el desempleo y diezmaron el salario. Muchos se vieron obligados a partir y eslabones de generaciones de mujeres y hombres compatriotas se perdieron. Esta herida sigue sin cerrar y aún nos duele en la sociedad argentina. Hacia las altas casas de estudio hubo una profunda expresión de menosprecio hacia toda racionalidad. La horda más primitiva y oscurantista campeó sobre la inteligencia en una larga noche. Esos hechos se enlazan con lo que vendría después, la época del mas crudo neoliberalismo, donde lo individual pasó en buena medida a predominar sobre lo social. La regresión que la dictadura acarreo para la ciencia debe ser erradicada y para ello los integrantes de la Universidad pública tenemos una obligación, redoblar nuestro esfuerzo por terminar con las rémoras que aún perviven en nuestra sociedad, entre ellas contribuir a terminar con el pensamiento único y las reformas educativas que sólo retrasaron el desarrollo del conocimiento. No creo que se haya modificado en lo esencial el país real, el del subdesarrollo, del hambre, de los chicos que no pueden ir a la escuela, de las madres que los mandan a sus colegios para recibir la única comida diaria, de los enfermos que no son atendidos. Ésta es una deuda pendiente que también nos incumbe abordar. El golpe de estado que generó el ¨Nunca Más¨, también hizo surgir el “no te metas” impulsado por el miedo y las diversas formas represivas. Este aislarse, este no participar de los problemas de la sociedad, de la vida de las instituciones tal vez sea una de las causas de cierta anomia que hoy vivimos. Los jóvenes fueron quienes recibieron esta gravosa herencia, que en buena medida es producto del terror instaurado durante largos años. En todos los niveles de la enseñanza se reprimió todo esfuerzo dirigido a desarrollar el pensamiento crítico. Los dictadores de turno conociendo que en la historia de la humanidad todo intento de matar a las ideas se torna en una vana empresa, trataron de modificar planes de estudios, contenidos de asignaturas, cierres o achicamientos de bibliotecas. Pudieron trabar por un tiempo ese camino del desarrollo humano, apelando al expediente de matar a los portadores del saber fundado en la razón. Retrasaron la historia pero no lograron que se arriaran las banderas de la ciencia, del desarrollo de la investigación, del libre debate en nuestras aulas. Y como el Ave Fénix el árbol de sabiduría en medio de las restricciones de todo tipo siguió creciendo. Hoy nuestra labor debe estar destinada a acortar las distancias entre lo que se venía realizando y lo que se frenó. No fue casual que todo lo vinculado con la cultura, con la enseñanza, con la investigación fuera tan directamente atacado. El informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas señala que más del 37% de los desaparecidos fueron estudiantes, profesores y docentes de los diversos niveles educativos. Nuestra Universidad fue uno de los blancos de esa irracionalidad. Además de haber sido la única universidad nacional clausurada, fue una de las más afectadas en ataques a hombres y mujeres de su comunidad mediante torturas y desapariciones, en la aplicación de la ley de prescindibilidad, en la rapiña de su equipamiento, en la interrupción y destrucción de investigaciones en desarrollo, en cercenar la formación de alumnos en planes de estudios originales y carreras novedosas, en el cierre de su biblioteca y pérdida de acerbo cultural por la quema de sus libros. Todo esto sin mencionar el verdadero freno que significó detener su marcha del momento y sus planes de proyección a futuro para el desarrollo socio-económico de la región. Para los irracionales usurpadores del gobierno de facto no había dudas. Debían detener esa Universidad que había osado llevar el saber y el conocimiento hacia el lugar donde miles de necesitados lo reclamaban, haciendo que accediesen a la misma quienes de otra manera jamás hubieran sido estudiantes universitarios. Esa Universidad que había osado desarrollar carreras novedosas vinculadas con las demandas de la sociedad de su área de influencia. Debían detener esa Universidad pública y gratuita, autónoma y democrática, que se había dado un sistema departamental novedoso, que al tiempo de permitir un uso mas racional de recursos propendía a una formación e investigación interdisciplinaria. Este ataque está en nuestra memoria, en el pasado y presente, como seguramente lo estará en el futuro de la comunidad universitaria de Luján y de nuestra sociedad. Se trató de una verdadera afrenta a toda la cultura y en particular a una institución como la universidad que sólo en lo académico, la investigación y la extensión encuentra su razón de ser para desarrollarse. La Reparación Histórica de este atropello comenzó con su reapertura con el advenimiento del Gobierno Constitucional. Regreso a una Democracia fuerte en su espíritu pero maniatada en su accionar por la reformas estructurales implementadas por la dictadura y condicionada fuertemente en lo económico por un Estado endeudado. Pero la reapertura no subsanó lo perdido en esos años en el desarrollo de nuestra Universidad por su cierre. No alcanzó para superar el retraso en el crecimiento edilicio ni en infraestructura que pudo haber tenido en esos 4 años de clausura. No devolvió los equipamientos traspasados a otras instituciones, ni compensó presupuestariamente esta afrenta, ni otorgó las posibilidades de los programas de financiamiento que tuvieron las nuevas Universidades creadas en los 90. Por ello es que continuamos reclamando nuestra Reparación Histórica y nos hemos planteado para tal fin el desarrollado de un plan de actividades durante el año 2006. Con ese propósito constituimos en el día de hoy la Comisión de Ex Rectores por la Reparación Histórica de la Universidad Nacional de Luján con la misión de conseguir adhesiones de personalidades políticas, sociales, de la ciencia y de la cultura a nuestro pedido de Reparación Histórica. A todos los Ex Rectores mi expreso agradecimiento por su participación en estas actividades. Permítanme en este punto, detenerme 1 minuto para recordar a nuestro Ex Rector, Dr. Honoris Causa Emilio Fermín Mignone, cuyas excepcionales cualidades académicas y humanas de educador e incansable defensor de los derechos humanos, la justicia y la libertad, merecen destacarse mas que nunca en esta ocasión. Encaramos con la comisión de ex rectores un plan de acción que nos permitirá llegar a los poderes públicos y a la propia Presidencia de la Nación solicitando esta Reparación Histórica, avalada por el apoyo explícito de la sociedad, entendiendo que esta reparación no lo es sólo para nuestra comunidad universitaria sino y especialmente para la sociedad a la cual nos debemos. Por ello decimos que tenemos memoria. Nunca más un golpe de estado que interrumpa la democracia. Nunca más tortura y desaparición de personas. Nunca más un niño arrancado a su madre en cautiverio. Nunca más un abuelo privado de su nieto. Nunca más una Universidad cerrada Digámosle si a la vida y al desarrollo humano. |
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